Marble Machine, ideada y construida por Martin Molin funciona con 2.000 canicas que discurren por las 3.000 partes que componen este instrumento para hacer sonar una música exclusiva. Vídeo filado y editado por Hannes Knutsson
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jueves, 3 de marzo de 2016
Mira y escucha cómo 2.000 canicas hacen música
Marble Machine, ideada y construida por Martin Molin funciona con 2.000 canicas que discurren por las 3.000 partes que componen este instrumento para hacer sonar una música exclusiva. Vídeo filado y editado por Hannes Knutsson
jueves, 25 de febrero de 2016
Los sonidos del ambiente modelan las capacidades musicales de tu cerebro
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Existe una afinidad sónica en cada persona,
innata y que se va adquiriendo con el paso del tiempo en función de los estímulos ambientales. / Foto: Hernán Piñera |
A la hora de procesar los estímulos
acústicos, los sonidos ambientales desempeñan un peso fundamental, según una
teoría desarrollada por científicos de la Universidad Complutense de Madrid.
La investigación repasa diferentes estudios de disciplinas como la
antropología, la historia o la neurociencia. Los sonidos del siglo XVIII que
rodearon a Mozart le influyeron decisivamente a la hora de componer.
Desde que nacemos estamos rodeados de sonidos. Diferentes
estudios han abordado la relación que tienen con la formación del individuo,
tanto desde el punto de vista antropológico como cultural o neurológico, y ahora investigadores de la
Universidad Complutense de Madrid (UCM) los han analizado para desarrollar una teoría que
establece que los sonidos del ambiente condicionan las capacidades musicales del
cerebro. “Las modelan activamente e incluso antes de nacer, pero con unos
márgenes amplios de modificación”, explica Javier Campos Calvo-Sotelo,
investigador de la facultad de Geografía e Historia de la UCM y autor principal
del estudio, que se publica en Psychology of Music.
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Wolfgang Amadeus Mozart, de niño.
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Según la nueva teoría, existe una afinidad sónica en cada
persona, innata y que, a la vez, se va adquiriendo con el paso del tiempo en
función de los diferentes estímulos ambientales. El papel de los progenitores,
especialmente el de la madre, resulta fundamental. “La vocalidad materna en
particular y el ambiente sonoro del hogar en el que viva el niño ejercerán una
influencia considerable en la relación que este establezca y desarrolle con la
música”, afirma Campos .
El trabajo realiza
una revisión de diferentes iconos musicales, señalando la época y el contexto
en el que realizaron sus obras. Mozart, por ejemplo, escuchaba principalmente
“pájaros, voces humanas, carros con ruedas metálicas que se mueven por las
calles adoquinadas y los sonidos agudos del látigo del cochero”, según
describió el compositor Murray Schafer. En opinión de este autor, habría una
correlación entre los sonidos del siglo XVIII y la música compuesta por Mozart,
llena de frecuencias medias y altas, donde los tonos graves son bastante
ligeros.
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Gioachino
Rossini
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Las óperas de Rossini, por su parte, cuentan con ritmo fuerte,
influido por la incipiente maquinaria industrial que se desarrollaba en la
época en que las creó, en el siglo XIX, según el musicólogo Roger Alier. En cuanto
a géneros, el rock se asocia con motores de combustión, motos, taladros, golpes
de martillo, máquinas mezcladoras de cemento y el metro, típicos de la sociedad
en la que se compone, en los siglos XX y XXI. “El estudio plantea la existencia
de una afinidad sónica que obedecería a una serie de causas funcionales dentro
de la lógica de la evolución de la especie humana”, concluye Campos.
Publicado por
Enrique Coperías, director de la revista Muy Interesante (@muyinteresante)
en
2:29:00
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Etiquetas:
ambiente,
cerebro,
influencia,
Mozart,
música,
neurociencia,
Rossini,
sonidos
sábado, 30 de enero de 2016
La ciencia de los éxitos musicales: por qué solo unas canciones triunfan
¿Quieres componer una canción exitosa, inolvidable y
pegadiza, que arrase en las listas musicales? He aquí la fórmula científica:
usa pocos acordes, a ser preferible cuatro siguiendo la progresión I-V-vi-IV,
opta por un tempo de 120 pulsos por minuto, añade segundas voces, incorpora
alguna nota disonante y elige un compás de cuatro por cuatro.
Que unas canciones se conviertan rápidamente en hits y otras
apenas suenen un par de veces en las emisoras de radio no se puede atribuir
únicamente a la suerte ni al trabajo de las discográficas. Hay composiciones
que, por su estructura, están predestinadas a triunfar y que se pueden
identificar de forma científica. Lo sabe bien Tijl De Bie, experto en
inteligencia artificial de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, quien ha desarrollado un
programa informático que predice si un tema será un éxito o pasará a la
historia sin pena ni gloria.
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Gareth
Gates
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El software de De Bie se basa en un análisis exhaustivo de
los títulos y las listas musicales británicas del último medio siglo. Para
valorar las posibilidades de una nueva canción, tiene en cuenta veintitrés
características, algunas más evidentes, como la longitud y la velocidad –el
llamado tempo–, y otras más complejas, caso de un ritmo mantenido y constante a
lo largo de la melodía, el volumen y su capacidad de ser bailable. Todos esos
parámetros se combinan en un algoritmo que cuantifica las posibilidades de
éxito comercial de cualquier composición. En suma, se puede calcular
matemáticamente si el nuevo sencillo de un cantante será del agrado de la
mayoría, según De Bie.
Para este investigador, los análisis muestran que los gustos
musicales evolucionan, algo que su programa también tiene en cuenta. En lo que
se refiere al tempo, mientras que en los ochenta y los noventa triunfaban las
baladas, desde el año 2000 existe una clara preferencia por las canciones
rápidas. Además, se ha comprobado que los ritmos binarios simples, como el 4/4,
gustan más que los compases complejos.
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| Adele |
Las opciones que tiene una canción de alcanzar el top ten se
multiplican si incluye segundas voces o coros detrás de la voz principal, dice
otro estudio de la Universidad del
Sur de California que explora la fórmula del éxito musical. En cuanto a
la instrumentación, tienen más probabilidades los temas con pocos instrumentos
–uno o dos– o también con muchos, a partir de cinco, lo cual choca con la
tendencia general de la mayoría de las composiciones, que suelen ir acompañadas
de tres, cuatro o cinco, tal como apunta Joseph Nunes, coautor del trabajo.
De este modo comienza el reportaje de Elena Sanz sobre la ciencia de los éxitos musicales que publica en la revista Muy Interesante N.º 417 del mes de febrero. Suerte, trabajo, talento... más cierta secuencia de acordes,
un ritmo persistente, el tempo preciso. Estudios científicos revelan cómo las
canciones de éxito engatusan al cerebro. Además, Sanz desmenuza el secreto de cuatro canciones que han conquistado nuestros oídos:
1. La mejor para despertar:
Viva la vida, de Coldplay.
Según ha concluido en un estudio realizado para Spotify el
psicólogo musical David M. Greenberg, de la Universidad de Cambridge, hay tres
características que hacen que una canción sea más eficiente para ayudarnos a
inaugurar el día con energía: que empiece suave y tienda a crecer, que tenga
una letra y una música cargadas de positividad y que el tempo (o velocidad) sea
alto, entre 100 y 130 pulsos por minuto. Viva la vida cumple esos requisitos a
la perfección.
2. La más pegadiza:
We are the champions, de Queen.
Por mucho tiempo que pase, sigue siendo irresistible. Muy pocas
canciones son tan capaces de seguir repitiéndose en tu cabeza durante horas o
días tras escucharla como este clásico de Queen, compuesto por Freddie Mercury
en 1977. Lo revelaba un estudio dirigido por el musicólogo Alisun Pawley y el
psicólogo Daniel Mullensiefen. El segundo puesto le corresponde a otro himno
histórico, Y.M.C.A., de los Village People.
3. La más emblemática:
Smells like teen spirit, de Nirvana.
Un software desarrollado por Mick Grierson, de la
Universidad de Londres, que analiza los pulsos por minuto, los acordes, el
tono, así como la variedad de timbres y sonidos de una canción ha encumbrado
esta composición de Nirvana como la más icónica de todos los tiempos, con su
famoso y potente riff (o frase musical) inicial de cuatro acordes. Le siguen
muy de cerca Imagine, de John Lennon; One, de U2; y Billie Jean, de Michael
Jackson.
4. La más relajante:
Weightless, de Marconi Union y Liz Cooper.
Un tempo estable de 60 pulsos por minuto hace que las ondas
cerebrales y el latido cardiaco se sincronicen con esta canción, creada hace un
año por una banda británica en colaboración con un equipo de compatriotas
científicos. Además, los bajos o tonos graves de la melodía también ayudan a
inducir un estado de calma. Electra, de Airstream, y Watermark, de Enya, surten
también un efecto antiestrés similar, según los investigadores.
martes, 10 de noviembre de 2015
Asistir a espectáculos de danza y música mejora la salud física y emocional
Un estudio pionero realizado por investigadores de la Universidad de Granada, en colaboración con la compañía de circo contemporáneo Zen del Sur, demuestra que las artes escénicas influyen positivamente sobre el estado de ánimo y la autoestima del espectador. Para ello, los autores diseñaron un programa de intervención consistente en la observación de un espectáculo de danza-circo con música en directo, así como la realización de una serie de ejercicios relacionados con la identificación de recursos expresivos de movimiento y musicales. En un estudio piloto pionero, los investigadores han demostrado que asistir con frecuencia a espectáculos artísticos de este tipo puede mejorar notablemente la calidad de vida y la salud de los pacientes, ya que las artes escénicas pueden ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares y emocionales.Su trabajo revela que incluir las artes escénicas como un hábito de vida puede ser muy beneficioso para la salud, “no sólo como forma de ocio y de entretenimiento, sino también como una herramienta que contribuye al bienestar y la gestión emocional, y al desarrollo de las habilidades comunicativas a través del uso del lenguaje corporal y sus recursos expresivos, a diferencia de otras actividades como el ocio digital o las redes sociales”, explican Carlos López Aragón y Belén Rueda Villén, del Departamento de Educación Física y Deportiva de la UGR, autores de esta investigación.
martes, 13 de octubre de 2015
La buena música puede llevarte a hacer cosas malas
¿Recuerdas la escena de Hannibal (2001) en la que Lecter levanta la tapa de los sesos a Ray Liotta, para asar unos pequeños trozos de su cerebro, todo ello aderezado con la música clásica preferida del caníbal? Pues bien, todos somos un poco así, en el sentido de que la buena música, la que nos gusta, nos puede llevar a hacer cosas malas. Científicos del Departamento de Biología de la Universidad de Nueva York han comprobadohan comprobado que la gente está más predispuesta a infligir un daño a alguien si de fondo suena una melodía agradable, según un estudio publicado en la revista Psychology of Music. La investigación desafía la creencia aceptada de que la música agradable y familiar despiertan los sentimientos y comportamientos positivos, mientras que la desagradable o agresiva conduce a lo contrario.
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