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miércoles, 2 de marzo de 2016

10 experiencias paranormales desmontadas por la ciencia



Una de cada cinco personas cree que existen los extraterrestres y otras muchas dicen oír voces o haber vivido experiencias cercanas a la muerte. Pero no son hechos sobrenaturales. Recientes estudios prueban que estas percepciones tienen su base en alguna anomalía cerebral con una
explicación neurocientífica.
 

En los últimos años, a medida que neurólogos y psicólogos han ido abordando científicamente todo tipo de fenómenos extraor­dinarios, la fe en lo paranormal ha perdido terreno. Hoy sabemos, por ejemplo, que un funcionamiento anormal del lóbulo frontal del cerebro, implicado en la coordinación y la planificación, puede crear la sensación de estar poseído. Y que cuando se trastocan la amígdala y el hipocampo, vinculados a la memoria y las emociones, se llega a experimentar recuerdos de supuestas vidas anteriores, explica la periodista Elena Sanz en el dossier 110 experiencias paranormales desmontadas por la ciencia que publica en la revista Muy Interesante n.º 418 del mes de marzo y donde aborda desde la óptica de la neurociencia la presencia de fantasmas. escuchar voces inexistentes, ver la luz al final del túnel, la conexión telepática o la abducción por alienígenas. 

Asimismo, la sobreactivación de las uniones temporoparietales de la corteza cerebral, situadas a ambos lados de la cabeza, crea la sensación de abandono del propio cuerpo. Los casos de poltergeist invisibles que mueven objetos parecen coincidir con daños en zonas del hemisferio cerebral derecho encargadas del procesamiento visual. Y si se descoordinan las neuronas del área de Broca, podemos oír los propios pensamientos como si fueran voces ajenas. Y así podríamos seguir enumerando la aparición de experiencias extrañas y su relación física con anomalías cerebrales.

Por otro lado, el cine ha contribuido a fomentar las creencias en lo paranormal y a difundir errores que un mínimo conocimiento de física y matemáticas podrían explicar. El caso más evidente es el de fantasmas y vampiros, como sacó a la luz el investigador Costas Efthimiou, de la Universidad de Florida Central. 

Para empe­zar,  Efthimiou dice que es físicamente imposible que un fantasma pueda atravesar paredes y, a la vez, caminar como un humano, pues debería hacer fuerza sobre el suelo, lo que se contradice con un cuerpo etéreo. En cuanto a los vampiros, Efthimiou hizo un cálculo sencillo para desmentir su existencia.

Según las historias al uso, estos seres se alimentan de sangre humana, y sus víctimas, una vez mordidas, se transforman en vampiros. Pues bien, si el primero hubiese surgido, por ejemplo, en enero de 1600, con una población mundial de 500 millo­nes de habitantes y comiera una vez al mes, al cabo de ese tiempo habría dos vampiros; en sesenta días, cuatro; y en dos años y medio los 500 millones de humanos ya serían vampiros. Sin nadie a quien morder, se extinguirían todos, dice Elena Sanz en el reportaje.


En cuanto a los supuestos brotes de zombis que hubo en Hawái en 1892, pocos años antes de ser incorporado el archipiélago a EE. UU., Efthimiou tiene una explicación: en sus aguas vive un pez que produce tetrodotoxina, un veneno que causa la muerte fulminante. 
Pero ingerido en la dosis adecuada, hace que la persona caiga en un estado de casi muerte, sin apenas constantes vitales, pero del que sale de pronto sumida en la confusión por falta de oxígeno y con un comportamiento identificable con el que la literatura y el cine atribuyen a los zombis. 



jueves, 25 de febrero de 2016

Los sonidos del ambiente modelan las capacidades musicales de tu cerebro

Existe una afinidad sónica en cada persona, innata y que se va adquiriendo
con el paso del tiempo en función de los estímulos ambientales. / Foto: Hernán Piñera

A la hora de procesar los estímulos acústicos, los sonidos ambientales desempeñan un peso fundamental, según una teoría desarrollada por científicos de la Universidad Complutense de Madrid. La investigación repasa diferentes estudios de disciplinas como la antropología, la historia o la neurociencia. Los sonidos del siglo XVIII que rodearon a Mozart le influyeron decisivamente a la hora de componer.

Desde que nacemos estamos rodeados de sonidos. Diferentes estudios han abordado la relación que tienen con la formación del individuo, tanto desde el punto de vista antropológico como cultural o neurológico, y ahora investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) los han analizado para desarrollar una teoría que establece que los sonidos del ambiente condicionan las capacidades musicales del cerebro. “Las modelan activamente e incluso antes de nacer, pero con unos márgenes amplios de modificación”, explica Javier Campos Calvo-Sotelo, investigador de la facultad de Geografía e Historia de la UCM y autor principal del estudio, que se publica en Psychology of Music.
Wolfgang Amadeus Mozart, de niño.


Según la nueva teoría, existe una afinidad sónica en cada persona, innata y que, a la vez, se va adquiriendo con el paso del tiempo en función de los diferentes estímulos ambientales. El papel de los progenitores, especialmente el de la madre, resulta fundamental. “La vocalidad materna en particular y el ambiente sonoro del hogar en el que viva el niño ejercerán una influencia considerable en la relación que este establezca y desarrolle con la música”, afirma Campos . 

El trabajo realiza una revisión de diferentes iconos musicales, señalando la época y el contexto en el que realizaron sus obras. Mozart, por ejemplo, escuchaba principalmente “pájaros, voces humanas, carros con ruedas metálicas que se mueven por las calles adoquinadas y los sonidos agudos del látigo del cochero”, según describió el compositor Murray Schafer. En opinión de este autor, habría una correlación entre los sonidos del siglo XVIII y la música compuesta por Mozart, llena de frecuencias medias y altas, donde los tonos graves son bastante ligeros. 

Gioachino Rossini
Las óperas de Rossini, por su parte, cuentan con ritmo fuerte, influido por la incipiente maquinaria industrial que se desarrollaba en la época en que las creó, en el siglo XIX, según el musicólogo Roger Alier. En cuanto a géneros, el rock se asocia con motores de combustión, motos, taladros, golpes de martillo, máquinas mezcladoras de cemento y el metro, típicos de la sociedad en la que se compone, en los siglos XX y XXI. “El estudio plantea la existencia de una afinidad sónica que obedecería a una serie de causas funcionales dentro de la lógica de la evolución de la especie humana”, concluye Campos.


domingo, 14 de febrero de 2016

El misterioso origen de la conciencia

Si el tema te interesa, lo puedes seguir leyendo en
la revista Muy Interesante de febrero del 2016

Filósofos y neurocientíficos abordan el problema de la conciencia con posturas encontradas: mientras unos creen que es una simple ilusión fabricada por el cerebro, otros sostienen que sí existe, aunque no esté localizada en un lugar concreto. 

Francis Crick (1916-2004), biólogo y físico con el Premio Nobel bajo el brazo por la descripción de la doble hélice del ADN, fue quien se atrevió a dar el paso decisivo y acabar con el ostracismo científico en el que se encontraba el estudio de la conciencia. Básicamente, el problema al que se enfrentaba Crick era el siguiente: ¿cómo puede ser que un sistema físico genere estados conscientes? En 1995, el filósofo de origen australiano David Chalmers declaró que existía un problema difícil y un problema fácil de la conciencia. El primero consistiría en tratar de responder a la pregunta de cómo puede ser que un sistema físico genere estados conscientes, algo del todo irresoluble, según él. En cambio, el problema fácil, que básicamente trataría de explicar cómo guarda y computa la información el cerebro, no es que fuera moco de pavo ni mucho menos, pero sí que podría solucionarse siguiendo la metodología sistemática de la ciencia, dice el autor del artículo, Roger Corcho, en el dossier Grandes enigmas de la ciencia que publica en la revista Muy Interesante del mes de febrero.

Chalmers, en definitiva, lo que planteaba es que la ciencia solo podía aspirar a explicar los aspectos menores y secundarios que rodean a la conciencia. Pero Crick ya se había propuesto resolver el problema difícil mucho antes de que Chalmers introdujera esta dualidad. En ese mismo año de 1995 vio la luz La búsqueda científica del alma, libro donde Crick presentó al público las investigaciones que había llevado a cabo hasta la fecha. “Nuestros gozos y nuestras penas, nuestros recuerdos y nuestras ambiciones, nuestro sentido de identidad personal y de libre albedrío, no son en realidad sino la conducta de vastos ensamblajes de neuronas y de sus moléculas asociadas”, manifestó el biólogo. Solo faltaba dilucidar el proceso que conducía de la masa gris a la mente consciente.

El periodista científico Roger Corcho entrevista para el dossier de Muy Interesante, donde desarrolla cuatro de los mayores misterios de la ciencia –los orígenes del universo, la materia, la vida y la conciencia–, a John Searle (Denver, Colorado, 1932), leyenda viva de la filosofía, imparte su magisterio en la Universidad de California, en Berkeley, desde hace 56 años.

-Es un escándalo que en un tema como el de la conciencia no haya acuerdo ni siquiera sobre su existencia...
-Filósofos como Daniel Dennett están atrapados en la idea de que reconocerla implicaría asumir alguna forma de misticismo y la inmortalidad del alma. Yo afirmo que es un fenómeno biológico localizado en el cerebro, como la digestión tiene lugar en el estómago, mientras  que Dennett lo compara con un programa de ordenador.

-Los astrónomos resuelven sus disputas con datos. ¿Sería posible dirimir así este asunto?
Habría que vencer 2.000 años de tradiciones equivocadas, algo que no se consigue de la noche a la mañana. La locura de una posición como la de Dennett se olvidará rápidamente. Durante centurias se nos ha explicado que la conciencia no podía ser una parte de nuestro mundo físico. Y, por supuesto, sí lo es.

-¿Concepciones erróneas pueden conducir a investigaciones inútiles?
Con las tecnologías actuales podemos señalar el lugar en el cerebro donde un individuo ha dejado de ver un pato y ve un conejo, mientras que yo defino la conciencia como una característica global. Aunque algunos científicos exploran esa vía, como Rodolfo Llinás y Wolf Singer, el problema es que las técnicas de investigación locales son mucho mejores. Hay dos procedimientos comunes: el estudio de una sola neurona para observar cómo se enciende bajo determinadas condiciones; y la resonancia magnética funcional, que muestra la actividad de una zona del cerebro cuando se ejecuta una acción. Ambas estrategias se atienen a puntos concretos, no al conjunto. El lingüista Noam Chomsky ha asegurado que nunca seremos capaces de entender qué es la conciencia... Sabemos que el cerebro la crea mediante procesos neurobiológicos. No hay razón para que no lleguemos a comprender cómo surge.





miércoles, 20 de enero de 2016

Encuentran una proteína que mejora la movilidad después de sufrir una lesión medular

Científicos de La Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) descubren que la interleucina-37 (IL-37), una citocina que pertenece a la familia de la interleucina-1, promueve la recuperación locomotora en lesiones agudas de la médula espinal.


Las lesiones medulares producen graves discapacidades funcionales a las personas que las padecen, lo que induce a paraplejia o tetraplejia en función del nivel de la lesión. Este hecho es debido a la degeneración de las vías espinales que se encargan de transmitir las señales nerviosas desde el cerebro hasta las diferentes partes del organismo, y viceversa, y tiene como consecuencia la pérdida de movilidad y de sensibilidad por debajo del área accidentada. Durante los últimos años, diferentes estudios han demostrado que la respuesta inflamatoria que se desarrolla después de la lesión contribuye a la degeneración de estas vías espinales y, por ende, incrementa los déficits funcionales generados por la lesión. Sin embargo, los ensayos clínicos con fármacos antiinflamatorios, como la metilprednisolona, ​​no han mostrado eficacia.

Este trabajo demuestra por primera vez que la IL-37 suprime la respuesta inflamatoria después de una lesión medular y minimiza la degeneración del tejido medular y las discapacidades funcionales. Aunque esta proteína se identificó hace quince años, el estudio de su función ha sido dificultoso debido a que los ratones no sintetizan esta citosina. El equipo del doctor Rubén López, investigador del Departamento de Biología Celular, Fisiología e Inmunología de la UAB, del Instituto de Neurociencias de la UAB, y del Centro de Investigación Biomédica en Red Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED), ha utilizado un ratón modificado genéticamente que produce la forma humana de la IL-37, lo que les ha permitido estudiar la función de esta proteína. Así han podido comprobar que, si la IL-37 se administra inmediatamente después de la lesión, los ratones recuperan cierto grado de movilidad.

El estudio, que ha sido publicado esta semana en la versión online de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS),  supone, por tanto, el hallazgo de una nueva estrategia terapéutica para abordar las lesiones medulares agudas, las cuales no tienen actualmente ningún tratamiento efectivo de uso clínico. El descubrimiento puede también abrir las puertas al tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, dado que la respuesta inflamatoria juega un papel clave en el transcurso de estas dolencias.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Científicos españoles descubren cómo activar la acción antidepresiva en el cerebro



La estimulación cerebral profunda, una terapia que consiste en implantar unos electrodos en la corteza subcingulada y aplicar una corriente eléctrica, se utiliza con éxito en enfermos con depresión que se muestran resistentes al tratamiento farmacológico con antidepresivos. Un equipo liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto en ratas que cuando se aplica dicha terapia en la corteza infralímbica se produce una liberación del glutamato -principal transmisor excitador del cerebro- en la corteza cerebral y activa el receptor AMPA, lo que produce la acción antidepresiva. El trabajo se ha publicado en la revista Cerebral Cortex.
El principal neurotransmisor que excita el cerebro es el glutamato. “Tomando como base la amplia utilización de la técnica con la enfermedad de Parkinson, otros expertos han propuesto que la estimulación cerebral profunda produce una inactivación funcional de la zona estimulada. Sin descartar totalmente esta posibilidad, hemos visto que lo que hace la estimulación cerebral profunda es activar una serie de proyecciones de la corteza. Ese efecto es el responsable de la acción antidepresiva”, explica el investigador del CSIC Albert Adell, actualmente en el Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria.
Según el estudio, es probable que algunos de los receptores AMPA que se activen mediante la estimulación cerebral profunda contribuyan al efecto antidepresivo, pero no todos. Es decir, puede que solo una parte de estos receptores sean responsables de dicha función. Por eso, los investigadores se plantean como próximo objetivo ampliar sus conocimientos sobre el funcionamiento de este mecanismo y ver si dichos efectos se pueden suplir con la administración de fármacos, ya que, como explica Adell, “aunque es una técnica efectiva para el tratamiento de la depresión resistente no deja de ser invasiva. A largo plazo queremos intentar que esos efectos se puedan suplir con la administración de fármacos, un tipo de terapia mucho más tolerada”.





sábado, 24 de octubre de 2015

El secreto para mantener un cerebro joven: el ejercicio físico

Es ampliamente sabido entre los especialistas que nuestra condición física se refleja en nuestra aptitud mental, especialmente a medida que envejecemos. ¿Cómo estar en buena forma física afecta a nuestro cerebro envejecido? Recientes estudios de neuroimagen, que permiten a los científicos ver las diferentes partes del cerebro en acción en respuesta a estímulos concretos, han proporcionado algunas pistas en estas dirección. Sin embargo, hasta ahora ninguna investigación había vinculado directamente la activación cerebral con el rendimiento físico y mental. La revista Neuroimagen se hace eco de un nuevo y emocionante trabajo dirigido por el doctor Hideaki Soya, de las Universidad de Tsukuba, en Japón, que muestra por primera vez la relación directa entre la actividad del cerebro, la función cerebral y la aptitud física en un grupo japoneses mayores. Soyas y sus colegas comprobaron que los hombres en buena forma física mostraban mejores habilidades cognitivas que aquellos que no realizaban ejercicios de forma habitual. Es más, los primeros hacían uso de las partes del cerebro estudiadas del mismo modo que en la juventud desempeñaron mejor mentalmente que los hombres menos aptos, mediante el uso de partes de sus cerebros en la misma forma que en su juventud. A medida que envejecemos, usamos diferentes partes de nuestro cerebro que cuando éramos jóvenes. Por ejemplo, en esta etapa de la vida utilizamos principalmente el lado izquierdo de nuestra corteza prefrontal para gestionar las tareas mentales que involucran la memoria a corto plazo, la comprensión del significado de las palabras y la capacidad de reconocer sucesos, objetos o personas con las que hemos interaccionado anteriormente. Al envejecer, por el contrario, tendemos a usar las partes equivalentes de la corteza prefrontal del lado derecho para ejecutar estas mismas tareas.

domingo, 18 de octubre de 2015

El alcohol y la hormona del amor tienen efectos similares en el cerebro

Investigadores de la Universidad de Birmingham han puesto de relieve que el alcohol y la oxitocina tienen efectos similares en nuestro cerebro, y que ambas sustancias repercuten de forma parecida en nuestra conducta, para lo bueno y para lo malo. Los resultados del estudio aparecen publicados en Neuroscience and Biobehavioral Review. La oxitocina, también llamada hormona del amor, es un neuropéptido producido en el hipotálamo y secretado por la glándula pituitaria. Desde hace tiempo se sabe que juega un papel importante en el parto, los lazos maternales y la eyección de la leche materna en respuesta a la estimulación del pezón por la succión del bebé. Más recientemente se le han atribuido otras funciones, como son el reconocimiento y el establecimiento de relaciones sociales y la formación de relaciones de confianza y generosidad entre personas, así como en ciertos aspectos de la conductas sexual, de ahí su apodo hormona del amor. Esta aumenta las conductas prosociales, como el altruismo, la generosidad y la empatía, lo que explica que nos predisponga a confiar en los demás. Esto es así porque inhibe la acción de circuitos cerebrales concretos que se traducen en la relajación neurológica de inhibidores sociales como el miedo, la ansiedad y el estrés. Según el doctor Ian Mitchell, de la School of Psychology at the University of Birmingham, la hormona del amor actúa de forma similar al alcohol en el cerebro, pues ambas sustancias afectan a la transmisión del ácido γ-aminobutírico (GABA) –neurotransmisor cuya función principal es reducir la excitabilidad neuronal a lo largo del sistema nervioso– en la corteza prefrontal y las estructuras del sistema límbico, esto es, la región primitiva del encéfalo que regula, entre otras cosas, las emociones, la memoria, el hambre y los instintos sexuales. Estos circuitos neurales controlan la forma en que percibimos el estrés o la ansiedad, especialmente en situaciones sociales tales como una entrevista de trabajo o la decisión de entrar a una posible pareja sexual. Tanto la oxitocina como el alcohol pueden hacer que estas tareas estresantes resulten más sencillas y nos mostremos más confiados de la cuenta. Incluso pueden volvernos más agresivos, fanfarrones, envidiosos o intolerantes, según este este estudio.

jueves, 15 de octubre de 2015

“Imantar” el cerebro puede cambiar nuestro punto de vista sobre los inmigrantes y Dios


La corteza frontal medial posterior es una parte de nuestro encéfalo que, entre otras cosas, se encarga de evaluar las amenazas y de planificar las respuestas ante aquellas. Pues bien, manipulando la actividad de esta área cerebral, un equipo de neurólogos ha bloqueado su actividad en un grupo de voluntarios mediante estimulación magnética transcraneana (EMT), una técnica no invasiva que comenzó a utilizarse hace más de veinte años y que ha demostrado su eficacia en el tratamiento de enfermedades neuropsiquiátricas como la depresión grave, el estrés postraumático y el trastorno obsesivo-compulsivo. La EMT consiste en transferir al cerebro la energía de un campo magnético mediante un dispositivo de bobina aplicado a la cabeza del paciente. De este modo, se consigue produce una corriente eléctrica específicamente en zonas concretas del cerebro que permite aumentar o disminuir la excitabilidad de las neuronas, así como inducir cambios en la concentración de ciertos neurotransmisores. Según un estudio publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience, la aplicación de la EMT en la mencionada zona de la corteza frontal hace que las personas se muestren más tolerantes hacia los inmigrantes que antes de la sesión y que su creencia en Dios sea menos sólida.