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En algún momento de su vida,
entre el 60%
y el 80%
de las personas sufrirá molestias de espalda. Los evolucionistas lo
consideran algo inevitable: sería un efecto secundario de caminar erguidos y
apoyar nuestro peso sobre los pies, ya que la columna vertebral estaba
diseñada originalmente para trepar por los árboles. Según la Organización Mundial de la Salud, aunque este dolor suele quedar relegado a un segundo
plano, las cifras muestran que su impacto sobre la salud mundial supera al de
la malaria, el cáncer de pulmón o la diabetes.
La buena noticia es que se
puede prevenir de algún modo, advierte la periodista científica Elena Sanz en la revista Preguntas y Respuestas n.º 36 de Muy Interesante. Y no solo evitando las malas posturas. Linda
Carroll y sus colegas de la Universidad de Alberta, en Canadá, descubrieron
que la depresión nos vuelve cuatro veces más propensos a padecer de la
columna. Una investigación de la Academia Estadounidense de Cirujanos Ortopédicos contempla también ese trastorno mental como factor de riesgo
junto con la obesidad, el consumo excesivo de alcohol y la dependencia de la
nicotina.
Otro trabajo de la
Universidad Northwestern (EE. UU.) confirma la relación directa entre el
tabaco y el dolor crónico de espalda: según Bogdan Petre y sus colegas, los
fumadores tienen tres veces más posibilidades de sufrirlo que los no
fumadores. Los escáneres con resonancia magnética funcional sugieren que este
inesperado vínculo se debe a que los cigarrillos modifican el cerebro y su
capacidad de resistir al sufrimiento físico. Y es reversible: quienes
abandonan el vicio también reducen su vulnerabilidad a ese tormento.
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domingo, 10 de abril de 2016
Por qué le duele la espalda a tanta gente
jueves, 19 de noviembre de 2015
Científicos españoles descubren cómo activar la acción antidepresiva en el cerebro
La estimulación cerebral profunda, una terapia que consiste
en implantar unos electrodos en la corteza subcingulada y aplicar una corriente
eléctrica, se utiliza con éxito en enfermos con depresión que se muestran
resistentes al tratamiento farmacológico con antidepresivos. Un equipo liderado
por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto en
ratas que cuando se aplica dicha terapia en la corteza infralímbica se produce
una liberación del glutamato -principal transmisor excitador del cerebro- en la
corteza cerebral y activa el receptor AMPA, lo que produce la acción
antidepresiva. El trabajo se ha publicado en la revista Cerebral Cortex.
El principal neurotransmisor que excita el cerebro es el
glutamato. “Tomando como base la amplia utilización de la técnica con la
enfermedad de Parkinson, otros expertos han propuesto que la estimulación
cerebral profunda produce una inactivación funcional de la zona estimulada. Sin
descartar totalmente esta posibilidad, hemos visto que lo que hace la
estimulación cerebral profunda es activar una serie de proyecciones de la
corteza. Ese efecto es el responsable de la acción antidepresiva”, explica el
investigador del CSIC Albert Adell, actualmente en el Instituto de Biomedicina
y Biotecnología de Cantabria.
Según el estudio, es probable que algunos de los receptores
AMPA que se activen mediante la estimulación cerebral profunda contribuyan al
efecto antidepresivo, pero no todos. Es decir, puede que solo una parte de
estos receptores sean responsables de dicha función. Por eso, los
investigadores se plantean como próximo objetivo ampliar sus conocimientos
sobre el funcionamiento de este mecanismo y ver si dichos efectos se pueden
suplir con la administración de fármacos, ya que, como explica Adell, “aunque
es una técnica efectiva para el tratamiento de la depresión resistente no deja
de ser invasiva. A largo plazo queremos intentar que esos efectos se puedan suplir
con la administración de fármacos, un tipo de terapia mucho más tolerada”.
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