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domingo, 10 de abril de 2016

Por qué le duele la espalda a tanta gente




En algún momento de su vida, entre el 60% y el 80% de las personas sufrirá molestias de espalda. Los evolucionistas lo consideran algo inevitable: sería un efecto secundario de caminar erguidos y apoyar nuestro peso sobre los pies, ya que la columna vertebral estaba diseñada originalmente para trepar por los árboles. Según la Organización Mundial de la Salud, aunque este dolor suele quedar relegado a un segundo plano, las cifras muestran que su impacto sobre la salud mundial supera al de la malaria, el cáncer de pulmón o la diabetes.

La buena noticia es que se puede prevenir de algún modo, advierte la periodista científica Elena Sanz en la revista Preguntas y Respuestas n.º 36 de Muy Interesante. Y no solo evitando las malas posturas. Linda Carroll y sus colegas de la Universidad de Alberta, en Canadá, descubrieron que la depresión nos vuelve cuatro veces más propensos a padecer de la columna. Una investigación de la Academia Estadounidense de Cirujanos Ortopédicos contempla también ese trastorno mental como factor de riesgo junto con la obesidad, el consumo excesivo de alcohol y la dependencia de la nicotina.

Otro trabajo de la Universidad Northwestern (EE. UU.) confirma la relación directa entre el tabaco y el dolor crónico de espalda: según Bogdan Petre y sus colegas, los fumadores tienen tres veces más posibilidades de sufrirlo que los no fumadores. Los escáneres con resonancia magnética funcional sugieren que este inesperado vínculo se debe a que los cigarrillos modifican el cerebro y su capacidad de resistir al sufrimiento físico. Y es reversible: quienes abandonan el vicio también reducen su vulnerabilidad a ese tormento.



miércoles, 16 de marzo de 2016

¿Cuánto tabaco hay que fumar para volverse adicto?




No existe una respuesta universal e inequívoca: a algunas personas les basta con dar un par de caladas a su primer cigarrillo para engancharse, mientras que otras encuentran su sabor profundamente repulsivo a las primeras de cambio, explica Elena Sanz en la sección Salud y cuerpo humano de la revista Preguntas y Respuestas n.º 36 de Muy Interesante.

Para identificar a qué se deben estas diferencias, científicos de la Universidad de Ontario Occidental, en Canadá, escudriñaron las rutas de la dopamina en el cerebro relacionadas con la transmisión de señales de recompensa y la creación de adicciones. Así encontraron un receptor que controla la sensibilidad inicial a las propiedades adictivas de la nicotina. Es más, incluso consiguieron manipularlo para controlar si este alcaloide natural era procesado como placentero o desagradable por nuestra masa gris, tal y como explicaban en la publicación especializada Journal of Neuroscience.


Si los expertos consiguiesen activar farmacológicamente el susodicho interruptor cerebral, sería posible diseñar tratamientos preventivos y terapias para evitar el síndrome de abstinencia que acomete a quienes intentan dejar de fumar. Incluso se podría conseguir que aborrezcamos el tabaco después de tomar una pastilla.
Por lo demás, si queremos evitar que los pitillos nos esclavicen, debemos tomar una precaución extra: rechazar, sobre todo, los que incorporan mentol en su composición. Esta sustancia, en principio beneficiosa porque reduce la irritación de las vías aéreas causada por el humo del tabaco, en la práctica hace que resulte más difícil abandonar el vicio, por motivos aún desconocidos. Así lo sacaba a la luz un estudio de la Universidad Duke publicado en la revista PLOS ONE, concluye Elena Sanz.



martes, 16 de febrero de 2016

Los diez pasos para dejar de fumar


Los expertos de la OMS aseguran que el tabaco es una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que afrontar el mundo. El tabaquismo mata a casi seis millones de personas al año, de las cuales más de cinco millones son consumidores directos y más de 600.000 son no fumadores expuestos al humo ajeno. Además, los consumidores de tabaco que mueren prematuramente privan a sus familias de ingresos, aumentan el costo de la atención sanitaria y dificultan el desarrollo económico. 

El humo del tabaco contiene más de 4 000 productos químicos, de los cuales se sabe que al menos 250 son nocivos, y más de 50 causan cáncer. Como señala Luis Muiño en el artículo Por qué es tan difícil dejar de fumar que publica en la revista SALUD Nº. 5 de MuyInteresante, estamos ante una sustancia –la nicotina– que engancha tanto como otras drogas más temidas. De hecho, hay personas que las dejan, pero no consiguen abandonar el tabaquismo. Stephen J. Heishman, profesor de la Universidad Johns Hopkins, en Maryland (EE. UU.), recuerda que de cada tres personas que prueban un cigarrillo, una se convierte en adicta, una proporción mayor que la de la cocaína y la heroína.

Los fumadores se vuelven dependientes. Como recuerda Heishman, solo uno de cada siete que intenta dejarlo lo consigue. Abandonar esta droga supone pasar por síntomas de abstinencia: ansiedad, dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad… Por eso, según apunta el psicólogo Jaime González, experto en la lucha contra el tabaquismo, “para renunciar al tabaco hay que querer hacerlo. No importa si uno es o no consciente de las verdaderas razones. Muchas veces, los motivos son un verdadero misterio incluso para la persona que logra el objetivo”.

Suele decirse que teniendo un por qué ya tenemos un cómo, pero, según advierte González, esto no es tan cierto en el caso del tabaco: “Para desesperación de muchos, que haya razones claras puede no ser suficiente. Hay personas que no lo han conseguido aún teniendo graves problemas de salud, como un enfisema”. Los expertos recuerdan que la adicción bioquímica que producen los componentes de un pitillo es más potente de lo que creemos, pero no todo está perdido. Muiño, psicoterapéuta y divulgador científico, ofrece este plan 10 para quitarse del pitillo:

1.º Fija un día de comienzo. La intención de dejar el hábito no basta, hay que plasmarla en el calendario.
2.º Comunica la decisión a todos. Comprometerse públicamente es muy importante, y no solo con la familia y los amigos. Díselo a mucha gente. Las personas que no te caen bien son las que más te azuzarán a cumplir con el compromiso.
3.º Saca de tu vida todo el tabaco. Tira los cigarrillos que tengas en casa y aléjate de los lugares y las relaciones asociados a su consumo.
4.º Busca un método de apoyo. La nicotina crea adicción bioquímica y no tiene sentido luchar contra ella sin ayuda. Consulta a un profesional que podrá recomendarte parches, chicles o medicamentos.
5.º Aprende de los fallos anteriores. Revisa con detalle por qué fracasaron los intentos previos y anticipa cuáles son tus puntos débiles.

6.º Haz una lista de sensaciones. Enumera qué cosas te aportaban los cigarrillos y busca formas de seguir disfrutando de ellas. Por ejemplo, reducir el estrés se puede lograr sin recurrir a una sustancia que es probable que te acabe matando.
7.º Las cosas, por su nombre. Habla de todo lo relacionado con el consumo con lenguaje claro: el tabaquismo es una adicción; la nicotina, una droga; y el hábito, un asesino. Pasa de ser exfumador a no fumador, aunque algunos te tachen de intolerante.
8.º Prémiate: te lo mereces. Ten preparada una serie de refuerzos positivos para cada hito que logres: diez días sin fumar, un mes, medio año...
9.º Más ejercicio y menos alcohol. Dejarlo es una revolución bioquímica. Al poco tiempo empezarás a notar sensaciones saludables, el signo de que estás en el buen camino.
10.º Un plan ante posibles recaídas. Abstente por completo y alégrate si consigues abandonarlo a la primera. Pero prevé formas de seguir con el programa de abstinencia en caso de que haya un tropiezo.





miércoles, 13 de enero de 2016

Los niños ‘tragan’ más humo desde que entró en vigor la Ley Antitabaco en España


Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Granada y del Instituto de Investigación Biosanitaria advierte de que los niños son ahora los principales fumadores pasivos desde que el Gobierno prohibió fumar en bares, cafeterías y locales de ocio nocturno 

La actual Ley Antitabaco española , que prohíbe fumar en bares, cafeterías y todos los lugares cerrados de uso público y colectivo, ha reducido en un 90 % la concentración de nicotina en adultos no fumadores, pero paradójicamente, no ha reducido la presencia de esta sustancia en el organismo de los niños.
La razón sería que, tras la entrada en vigor de la ley en 2011, los españoles fuman más en sus hogares y en los coches, en presencia de sus hijos, que antes, lo que convierte a los pequeños en fumadores pasivos, con el enorme riesgo que supone para su salud. Estas son algunas de las conclusiones de una investigación realizada por científicos de la Universidadde Granada y del Instituto de InvestigaciónBiosanitaria, que ha revelado también que la mitad de los niños estudiados (el 50,8 %), son fumadores pasivos.
  Los investigadores  realizaron una encuesta epidemiológica y midieron los niveles de cotinina, sustancia derivada de la nicotina que se utiliza como marcador de la exposición al humo del tabaco), en muestras de orina de los niños antes de la entrada en vigor de la ley, en los años 2005-2006, y después de hacerlo, en 2011-2012.
“Nuestros resultados indican que la prohibición de fumar en lugares públicos y de trabajo ha trasladado el consumo a lugares privados (hogares y coches), en contra de lo descrito en otros estudios que aseguran que prohibir fumar en bares no hace que aumente el consumo en casa”, apunta la autora principal de este trabajo, Mariana Fernández Cabrera, del Departamento de Radiología y Medicina Física de la UGR. Y añade: “Factores socio-demográficos como la educación, ocupación, ingresos o clase social parecen asociarse directamente con la exposición al humo del tabaco ambiental”.