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viernes, 5 de febrero de 2016

¿Cuáles son los complejos sexuales más comunes en hombres y mujeres?


Algunos tienen que ver con momentos traumáticos o relaciones tóxicas que minan la autoestima y otros se derivan de factores físicos y problemas de aceptación del propio cuerpo, dice Luis Muiño en la revista Preguntas y Respuestas N.º 35 de Muy Interesante. Pero la mayoría de estas inseguridades son culturales, pues hay gente que asume que la sociedad le exige un determinado rendimiento sexual, lo que produce una gran presión psicológica y el desarrollo de un complejo.




En los hombres, son frecuentes el miedo a no poder alcanzar una erección –el gatillazo– y la inseguridad con el tamaño del pene. Entre las mujeres, algunos complejos tienen que ver con el aspecto físico –estar gorda–, otros con el atractivo erótico –pechos pequeños– y otros con la destreza en el desempeño sexual –miedo a que el compañero piense que es sosa en la cama– o con la incapacidad para llegar al orgasmo.


El problema es que la inseguridad lleva a la autoobservación obsesiva. En lugar de disfrutar del sexo, uno se dedica a verse desde fuera y eso hace perder fluidez y relajación, concluye Muiño.


domingo, 31 de enero de 2016

¿Dónde está el punto G en el hombre?




Como señala Luis Muiño en la revista Preguntas y Respuesta N.º 35 de Muy Interesante, se trata de la próstata, una glándula del tamaño de una nuez que se encuentra aproximadamente a cinco centímetros de la entrada del ano. Está rodeada de tejidos fibrosos y músculos, y participa en las erecciones, las eyaculaciones y el orgasmo. Por eso, en algunos hombres, su estimulación puede producir momentos de clímax muy placenteros.

Para estimular esa zona hay dos posibilidades. La primera es hacerlo desde fuera, masajeando el perineo, la zona que se encuentra entre los testículos y el ano. La segunda supone introducir un dedo lubricado en el ano y acariciar una especie de almendra que hay cerca de la entrada, en la pared posterior si el hombre está situado boca arriba con las piernas abiertas. Al acariciarla, toda el área irá dilatándose.

A pesar de que muchos hombres alcanzan sus orgasmos más placenteros a partir de la estimulación de esta zona, el tabú que rodea esa práctica sigue estando vigente. Por miedos homófobos o por pudor, muchos varones se niegan a experimentar con este lugar de la anatomía masculina. Para que la experiencia resulte placentera es necesaria la relajación y la desinhibición. Por eso, ese punto G de ellos permanece, en muchos casos, como una región inexplorada.

Además, está la cuestión de la pasividad: para numerosos hombres, sentirse penetrado se identifica con perder poder y fuerza. En su ensayo El sexo y el espanto, el escritor francés Pascal Quignard analiza, a partir del ejemplo de los frescos de Pompeya, el hecho de que desde la Antigüedad Clásica nuestra cultura divide la sexualidad en individuos activos y pasivos asociando ciertas características a unos y otros. Desterrar este falso prejuicio es otra de las labores de aquellos que quieran adentrarse en las delicias del punto G masculino.