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miércoles, 1 de junio de 2016

Convierten la resonancia magnética en una atracción divertida para los niños



El ingeniero Doug Dietz contemplaba orgulloso el último modelo de resonancia magnética que había diseñado para General Electric. Veía el aparato instalado en un hospital estadounidense, a punto de ser utilizado, pero su expresión cambió al toparse con la cara de pánico de la niña que iba a estrenarlo. Entonces, se agachó para colocarse a su altura, se fijó en su invento y en el entorno y cayó en la cuenta de cómo intimidaban, según informa la revista SALUDABLE n.º 7 de Muy Interesante.


En ese momento empezó a darle vueltas a la cabeza para convertir esa experiencia traumática en algo agradable para los niños. Pensó que lo mejor era aprovechar la fantasia infantil y transformar la visita al hospital en lo más parecido a un juego. Para ello se lanzó a decorar las salas y el aparato hasta convertirlos en un submarino, un barco pirata o una nave espacial. Así, hasta nueve escenarios distintos. La iniciativa se ha extendido por muchos hospitales del mundo, como el San Juan de Dios de Barcelona.


En las nuevas instalaciones, la expresión de terror de los pequeños desaparece, se muestran colaborativos y la sedación que necesitaba el 80% para tranquilizarse se reduce a un 5%. Dietz explica en sus conferencias que el mejor indicador del resultado fue la reacción de una niña que, tras la resonancia, fue corriendo hacia su madre para decirle con una sonrisa: “¿Mamá, podemos venir mañana?”


viernes, 22 de abril de 2016

Lo mejor para el asma infantil es nadar



Hasta hace poco, los niños asmáticos vivían ajenos a cualquier actividad física porque se pensaba que era el desencadenante de muchas crisis. Pero los especialistas han roto esa burbuja y ahora les aconsejan cualquier deporte que requiera un esfuerzo intenso intermitente: desde yudo o ciclismo hasta baloncesto o esgrima. Sin embargo, si tienen que recomendar uno para mejorar los síntomas del asma, optan por la natación, informa la revista Muy Interesante del mes de mayo en su suplemento Saludable.

En la Universidad Médica de Taipéi (Taiwán), han comprobado que los niños que, además de seguir su tratamiento habitual, se tiran a la piscina, progresan en muchos indicadores de la enfermedad –como por ejemplo la respiración, los ronquidos o la deformidad torácica– y registran menos hospitalizaciones y absentismo escolar. La consecuencia es que adquieren más confianza en sí mismos, “porque nadar promueve el desarrollo psicológico y físico normal”, apunta el director de la investigación, Wang Jeng-Shing.


El efecto terapéutico responde a que el ambiente de las piscinas evita la pérdida de calor y, sobre todo, de humedad en las vías respiratorias. Según los médicos, cuando esto ocurre, se reducen las sustancias que favorecen la inflamación, como los leucotrienos o las histaminas, que dan lugar a las crisis asmáticas.



miércoles, 23 de marzo de 2016

Los beneficios para la salud de pasar más tiempo al aire libre




No por casualidad insisten en ello los médicos. Salir de casa y disfrutar de la luz natural y del sol no solo aporta placer y vitalidad. También previene numerosas dolencias y facilita la recuperación de otras.


A todos, desde la infancia, nos han enseñado que estar al aire libre es bueno para la salud. Nos hemos criado oyendo que a los niños les tiene que dar el aire, que las personas mayores deben salir a la calle, que hay que ventilar diariamente las habitaciones o que el contacto con la naturaleza es fuente de energía y vitalidad. Interiorizamos expresiones como un soplo de aire fresco en contraposición a un ambiente enrarecido, y hasta vimos cómo Heidi enfermaba al abandonar la montaña y recobraba la salud al marcharse de la ciudad. Sí, todos tenemos la convicción de que vivir en contacto con zonas verdes y realizar actividades fuera de las cuatro paredes de casa es bueno para la salud, pero ¿es así o se trata solo de una creencia arraigada generación tras generación?, se pregunta María Corisco en el reportaje ¡Tírate en la hierba! de la revista SALUD n.º 5 de Muy Interesante.

“Ya en el siglo IV a. C. Hipócrates escribió en el Tratado sobre los aires, las aguas y los lugares que las características ambientales jugaban un papel en la salud. Las mismas preguntas que nos hacemos ahora se formularon siglos atrás”, explica Margarita Triguero-Mas, del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), en Barcelona.

Pero dejemos a Hipócrates y demos un salto hasta el siglo XIX, con la tuberculosis causando estragos. “Entonces se empezó a demostrar que, en fases iniciales de la enfermedad, aquellos pacientes que respiraban un aire con un contenido rico en oxígeno podían mejorar”, indica Carmen Diego, coordinadora del área de Enfermedades de Origen Medioambiental de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), en Barcelona. Surgieron los sanatorios terapéuticos, a los que iban quienes podían permitírselos, y en ese medio nació la idea de que los ambientes del campo y de la montaña eran de lo más saludable. Esta asociación bucólica se propagó a la sociedad y ha llegado hasta hoy.

Adonina Tardón, de la Sociedad Española de Epidemiología (SEP) y profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Oviedo, también se remonta a esta época de los centros antituberculosos para explicar que “la relación aire puro y salud nos llega cuando se descubre que las bacterias de las enfermedades respiratorias transmisibles mueren al exponerse al sol. El aire mataba los bichos, y este argumento salió del campo de la medicina para cuajar en la sabiduría popular”.
Muchas de las creencias sustentadas en ella se han revelado como incorrectas. Pero no es este el caso, ya que en las últimas décadas se han llevado a cabo numerosas investigaciones encaminadas a dilucidar el papel que juega en nuestra vida el contacto con árboles y ríos, y todas van corroborando que aporta bienestar, previene numerosas dolencias o, incluso, facilita la recuperación de otras.

Uno de los trabajos más curiosos tiene que ver con la vista y se ha realizado en la Universidad Sun Yat-sen, en Guangzhou (China). Allí, el equipo del doctor Mingguang He ha realizado un estudio para analizar si el incremento del número de horas en actividades al aire libre podría disminuir la incidencia de la miopía infantil, que está arrasando en Asia. Tras tres años de investigación, se comprobó que la enfermedad había seguido escalando posiciones entre los escolares que pasaban menos tiempo a la luz del sol. El 39% presentaba miopía, frente al 30% de los que disfrutaron más horas en espacios abiertos. 
La infantil es la población en la que más han puesto el foco los investigadores. Distintos estudios han ido demostrando los beneficios de que pasen el mayor tiempo posible en entornos naturales. Este año se ha publicado un trabajo español que informa de un vínculo entre la exposición a los espacios verdes en la escuela y el desarrollo cognitivo en los alumnos de primaria.

El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y dirigido por dos investigadores del CREAL, Payam Dadvand y Jordi Sunyer, da un espaldarazo a algo que se creía cierto, pero sobre lo que apenas había evidencia disponible: el contacto con la naturaleza desempeña un papel insustituible en el desarrollo del cerebro. Tras doce meses de pruebas en distintos colegios barceloneses, se demostró que, con zonas verdes, el desarrollo cognitivo mejora un 5%, especialmente en cuanto a la rapidez con que se procesa información sencilla y compleja.
No solo mejora la cognición, también lo hacen otros parámetros como la presión arterial: según un estudio realizado por la Universidad de Coventry, en el Reino Unido, los niños que realizan ejercicio verde, es decir, en espacios abiertos, reducen su tensión arterial más que si lo hicieran en entornos cerrados, explica la periodista María Corisco. 

Puedes disfrutar del reportaje completo
en la revista SALU n.º 5 de Muy Interesante.


lunes, 14 de marzo de 2016

Fútbol: Rematar el balón con la cabeza puede causar lesiones cerebrales en niños


La Federación de Fútbol de Estados Unidos recomienda que los niños menores de diez años que practican este deporte no rematen de cabeza, ya que corren riesgo de sufrir daños neuronales. A esa edad, el cerebro está en pleno desarrollo, por lo que es más vulnerable que el de los deportistas adultos. Estos tampoco se escapan del peligro. Según los especialistas, cabecear un balón reiteradamente puede llegar a provocar lesiones cerebrales tan importantes como las ocasionadas por un accidente de tráfico, según cuenta la revista Muy Interesante n.º 418 del mes de marzo.

Desde la década de 1990, numerosos estudios han confirmado esta relación. Se han descrito daños en las regiones que regulan funciones claves como la memoria, la atención y la visión. Hay que tener en cuenta que un futbolista profesional puede golpear el balón con la cabeza entre 1.500 y 1.800 veces por temporada a una velocidad de 80 km/h.




Los pequeños que tienen 10 años o menos ya no podrán darle cabezazos al balón, así lo ha determinado la Federación Estadounidense de Fútbol. Vídeo: 




domingo, 14 de febrero de 2016

¿Los niños pueden tener cataratas?


En la revista SALUD N.º 35 de Muy Interesante te contamos que las cataratas suenan a enfermedad de personas mayores, y lo es, pero no solo de ellas. Las cataratas congénitas afectan a tres de cada 10.000 nacidos y también pueden surgir en la juventud o entre los dos y los diez años. Layla Grubb, que vive en Illinois (EE. UU.), es uno de estos casos. Tiene que llevar un parche en el ojo izquierdo durante dos horas al día para ejercitar la vista del derecho, en el que tiene el problema. La terapia se ha convertido en algo divertido gracias a su padre, Geoff, que le pinta en ellos personajes como Spiderman. La pequeña es probable que recupere por completo la visión, pero no todas las cataratas tienen tan buen pronóstico.






domingo, 31 de enero de 2016

La lactancia materna podría salvar la vida de 800.000 niños cada año

Nuevas evidencias publicadas en The Lancet muestran más beneficios de la lactancia materna: esta podría aportar 300.000 de dólares a la economía global y salvar 800.000 vidas cada año.


Una serie especial de artículos publicada en la revista médica The Lancet demuestra que el apoyo y la promoción de la lactancia materna no solo mejoran la salud de las mujeres y los niños, sino que además generan beneficios económicos.

En efecto, The Lancet estima que más de 800.000 muertes infantiles podrían evitarse cada año (alrededor del 13% por ciento de todos los fallecimientos de niños menores de 5 años) si se mejoraran las tasas de lactancia materna. Por otra parte, calcula que los costos de la capacidad cognitiva inferior asociada a no amamantar ascienden a más de 300.000 millones de dólares al año en todo el mundo, cifra comparable a la totalidad del mercado farmacéutico mundial.
 

"Sabemos que la lactancia materna salva vidas entre los niños y mejora su salud y desarrollo, y que también ayuda a proteger la salud de las madres", dice la doctora Chessa Lutter, asesora principal en alimentación y nutrición de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y una de los autores de la serie. Y añade: "Ahora también tenemos evidencia de los beneficios económicos y de otro tipo. Sin embargo, las tasas de lactancia materna en todo el mundo están muy por debajo de los objetivos internacionales,y las políticas e inversiones para promover la lactancia materna se están estancando. Esperamos que esta nueva serie ayude a movilizar el nuevo compromiso y la conciencia necesaria para cambiar la tendencia".


Lutter es coautora del artículo ¿Por qué invertir y qué se necesita para mejorar las prácticas de lactancia materna?, donde resume la evidencia recogida en la citada serie. Esta muestra que la lactancia materna contribuye a "un mundo más sano, mejor educado, más equitativo y más sostenible con el medio ambiente”. Los resultados específicos de la serie pueden resumirse en estos cuatro puntos:
 
1.  La promoción de la lactancia materna podría salvar la vida de más de 800.000 niños al año ; el 87% de ellos menores de sies meses de edad.
2. Casi la mitad de todos los episodios de diarrea y un tercio de todas las infecciones respiratorias podrían prevenirse mediante la lactancia materna. 
3. Por cada uno de los dos primeros años que una madre amamanta durante su vida, se reduce en un 6% su riesgo de desarrollar cáncer de mama invasivo. También se beneficia de una reducción del riesgo de cáncer de ovario. 
4. Se evitan aproximadamente 20.000 muertes por cáncer de mama cada año; una mejora en las tasas podría prevenir otros 20.000 fallecimientos anuales. 

A pesar de estos beneficios demostrados, las mujeres en todo el mundo carecen del apoyo necesario para amamantar, y se enfrentan a barreras cotidianas que incluyen la licencia de maternidad limitada o inexistente, las lagunas de conocimiento entre los profesionales de la salud que dejan a las mujeres sin acceso a información precisa o sin apoyo, la falta de sistemas de apoyo fuertes en la familia y la comunidad, y las tradiciones culturales que no apoyan la lactancia materna. Además, la comercialización agresiva de los sucedáneos de la leche materna, como las fórmulas infantiles, por industria mina la lactancia materna.

Para contrarrestar estas fuerzas negativas, Lutter y los coautores instan a hacer esfuerzos en esta dirección:

-Acoger actitudes sociales positivas hacia la lactancia materna, incluyendo en el lugar de trabajo y en público.
-Difundir ampliamente la creciente evidencia sobre los beneficios de la lactancia materna para garantizar prácticas óptimas. 
-Regular la industria de sucedáneos de la leche materna para evitar que sus prácticas de comercialización socaven la lactancia materna.
-Desarrollar y aprobar las legislaciones que protejan y promuevan la lactancia materna, en cumplimiento del Código Internacional.