miércoles, 16 de marzo de 2016

¿Cuánto tabaco hay que fumar para volverse adicto?




No existe una respuesta universal e inequívoca: a algunas personas les basta con dar un par de caladas a su primer cigarrillo para engancharse, mientras que otras encuentran su sabor profundamente repulsivo a las primeras de cambio, explica Elena Sanz en la sección Salud y cuerpo humano de la revista Preguntas y Respuestas n.º 36 de Muy Interesante.

Para identificar a qué se deben estas diferencias, científicos de la Universidad de Ontario Occidental, en Canadá, escudriñaron las rutas de la dopamina en el cerebro relacionadas con la transmisión de señales de recompensa y la creación de adicciones. Así encontraron un receptor que controla la sensibilidad inicial a las propiedades adictivas de la nicotina. Es más, incluso consiguieron manipularlo para controlar si este alcaloide natural era procesado como placentero o desagradable por nuestra masa gris, tal y como explicaban en la publicación especializada Journal of Neuroscience.


Si los expertos consiguiesen activar farmacológicamente el susodicho interruptor cerebral, sería posible diseñar tratamientos preventivos y terapias para evitar el síndrome de abstinencia que acomete a quienes intentan dejar de fumar. Incluso se podría conseguir que aborrezcamos el tabaco después de tomar una pastilla.
Por lo demás, si queremos evitar que los pitillos nos esclavicen, debemos tomar una precaución extra: rechazar, sobre todo, los que incorporan mentol en su composición. Esta sustancia, en principio beneficiosa porque reduce la irritación de las vías aéreas causada por el humo del tabaco, en la práctica hace que resulte más difícil abandonar el vicio, por motivos aún desconocidos. Así lo sacaba a la luz un estudio de la Universidad Duke publicado en la revista PLOS ONE, concluye Elena Sanz.



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