viernes, 4 de marzo de 2016

¿Cuántos tipos de culo hay?




Estés o no orgulloso de él, el aspecto de tu trasero no depende solo de tu esqueleto, el armazón que sirve de base para dar forma a la anatomía en general, sino también de cómo se distribuyen las grasas y los músculos sobre los huesos de la zona, cuenta la periodista científica Elena Sanz en la revista Preguntas y Respuestas n.º 36 de Muy Interesante. En el caso del culete, la pelvis hace las veces de andamiaje. A continuación, la distribución de lípidos que impone la genética –y los hábitos alimentarios– influirá en sus curvas o en la ausencia de ellas. Y si está ejercitada, la masa muscular tenderá por fin a redondear los glúteos aún más.

La mayoría de los cirujanos estéticos reconocen cuatro formas de culo: cuadrada o en H; redonda o en O; acorazonada, de pera o en A; e invertida o en V. La primera, predominantemente masculina, suele asociarse a huesos de la cadera anchos. La disposición redondeada se considera bastante saludable, ya que la grasa se distribuye por la parte alta y baja de los cachetes uniformemente.

Culo en V
Culo redondo
Culo cuadrado
Culo de pera

En las posaderas que recuerdan un corazón –muy atractivas para el sexo opuesto si quienes las lucen son mujeres–, el tejido adiposo se acumula en las zonas bajas. Eso implica que al envejecer y perder estrógeno con la llegada de la menopausia, las reservas de lípidos cambian de posición y ascienden, con la consiguiente flacidez. En ese momento de la vida, es más habitual que las nalgas femeninas adopten una forma invertida o de V.


Desde el punto de vista médico, estas distinciones no son baladíes. Los científicos han llegado a la conclusión de que los culos redondeados o acorazonados se asocian con menor riesgo de sufrir diabetes y males cardiovasculares. Según publicaban investigadores de la Universidad de Oxford en la revista International Journal of Obesity, la acumulación de grasa en las zonas más bajas del cuerpo genera un efecto protector, y no se suele  acompañar de depósitos más peligrosos en órganos vitales, como el hígado y el corazón, concluye Elena Sanz.

La nueva portada de la revista Preguntas y
Respuestas
de Muy Interesante.

jueves, 3 de marzo de 2016

Cómo nacen, crecen y mueren las estrellas


Como nosotros, las estrellas nacen, crecen, envejecen y mueren. Y sus existencias también pueden ser muy intensas y breves o largas y aburridas. Para elaborar esta infografía sobre su evolución, nos hemos basado en el diagrama que confeccionaron los astrónomos Ejnar Hertzsprung y Henry Norris Russell en 1910, que establece cuatro fases elementales: la presecuencia principal –los momentos previos al parto–, la secuencia principal, las etapas finales y los remanentes, lo que queda tras su colapso o explosión.  

En esta infografía de Carlos Aguilera, publicada en la revista Muy Interesante n.º4 18, te contamos la evolución de las estrellas desde que nacen en nubes de polvo y gas –hidrógeno y helio, principalmente– que colapsan por su propia gravedad hasta que mueren en forma de supernovas, estrellas negras, púlsares o magnétares.


¿Por qué se encoge el pene con el frío?




Todos los hombres notan este efecto, sobre todo si se sumergen en aguas a baja temperatura: con el frío, el órgano viril disminuye y se pone arrugado y blando, más entrañable que fálico, explica Luis Muiño en la revista Preguntas y Respuestas n.º 36 de Muy Interesante. Dado que el tamaño del miembro en casi todas las culturas es objeto de chistes y comparaciones, este encogimiento es temido porque se asocia erróneamente a una pérdida de virilidad.

En algunas zonas del sudeste de Asia, por ejemplo, se diagnostica un síndrome psicosomático llamado koro: los afectados creen que su pene se está reduciendo poco a poco, que se va retrayendo dentro de la barriga y que al final morirán a causa de ello. Aunque es una enfermedad imaginaria, plantea problemas, pues los afectados tratan de contrarrestarlo con remedios como colgarse pesos y hacerse estiramientos brutales.

La realidad es que este encogimiento del miembro viril es un efecto natural sin mayores consecuencias. Al descender la temperatura, los vasos sanguíneos se contraen en todo el cuerpo para llevar sangre caliente a los órganos internos. Eso hace que inevitablemente el pene disminuya de tamaño. Además, parte de él se esconde para evitar la pérdida de calor en el tejido graso que recubre el hueso púbico, y hace como que se mete hacia dentro. Por otra parte, para salvar espermatozoides, los testículos también se aprietan contra el cuerpo para mantener el calor y proteger esa especie de nido en el que el organismo produce las células germinales.


No tiene sentido preocuparse por lo que en EE. UU. se denomina turtling (efecto tortuga, por la forma en que estos animales se esconden bajo el caparazón). Cuando la temperatura se recupera, el miembro y los testículos vuelven a expandirse y salen de la cueva sin mayores consecuencias.

Mira y escucha cómo 2.000 canicas hacen música



Marble Machine, ideada y construida por Martin Molin funciona con 2.000 canicas que discurren por las 3.000 partes que componen este instrumento para hacer sonar una música exclusiva. Vídeo filado y editado por Hannes Knutsson

Antropoceno, el nuevo periodo de la Tierra dominado por la humanidad





El impacto global que la actividad humana tiene sobre el planeta lleva a muchos expertos a afirmar que hemos entrado en un nuevo tiempo geológico: el Antropoceno.


Como si de las páginas de un libro se tratara, las rocas cuentan historias. Cada uno de sus estratos encapsula relatos que contienen información sobre las moléculas que existían en la atmósfera de épocas pasadas, la temperatura que hacía, los animales y plantas que vivían entonces y los hábitats que ocupaban. Cada capítulo empieza desde cero, con un cambio completo de ambientes, de trama y de personajes. Comienzos abruptos y finales violentos que permiten definir la serie jerárquica de divisiones del tiempo geológico, reflejo de los principales acontecimientos de la historia del planeta.

De acuerdo con la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS, por sus siglas en inglés), el órgano responsable de establecer esos límites formales, el presente se sitúa en la época conocida como Holoceno, que a su vez se integra dentro del período cuaternario (iniciado hace 2,5 millones de años), en la era cenozoica (66 millones de años) y dentro del eón fanerozoico (541 millones de años), que marca el inicio de la expansión de la vida.


Paisaje del Pleistoceno / Ilustración: Mauricio Antón
El Pleistoceno dio paso a la segunda época cuaternaria, el Holoceno, que empezó hace 11.700 años y en la que el Homo sapiens desarrolló la agricultura, domesticó animales, creó herramientas cada vez más complejas, construyó asentamientos urbanos y empezó a alterar el medio ambiente a gran escala. Como consecuencia, la huella dejada por nuestra especie es hoy tan profunda que un número cada vez mayor de científicos cree que ya hemos entrado en una tercera época del Cuaternario: el Antropoceno.

“Usé esta palabra por primera vez en 2000 durante una conferencia”, recuerda el químico atmosférico y ganador del Premio Nobel Paul Crutzen a nuestra colaboradora Joana Branco y que recoge en su artículo Bienvenidos al Antropoceno, publicado en la revista Muy Interesante n.º  418 del mes de marzo. Y añade Crutzen : “Hablábamos de las alteraciones que ha sufrido el planeta y alguien mencionó el Holoceno. Pero el mundo ha cambiado tanto que no me parecía correcto seguir hablando de él. En el fragor del momento se me ocurrió decir que estamos en el Antropoceno, y la idea cuajó”.

Paul Crutzen
En la actualidad, este neologismo aparece en cientos de estudios y en el nombre de tres revistas científicas. Jan Zalasiewicz, geólogo de la Universidad de Leicester, recuerda que “el Antropoceno empezó a aparecer en publicaciones serias. Fue algo inaudito en el mundo de las escalas geológicas. Comprobé que la mayoría de mis colegas opinaba que el término era adecuado”.

Pero ¿hay algo realmente nuevo en el actual capítulo de la historia de la Tierra? “Episodios de calentamiento global, acidificación de los océanos o extinciones en masa han ocurrido mucho antes de que los humanos llegaran al planeta”, aclara Zalasiewicz. Philip Gibbard, exjefe del panel internacional de la ICS que supervisa el Cuaternario, se dio cuenta de que necesitaban “estudiar si la formalización del Antropoceno estaba o no justificada”. Así, en 2009 se formó el Anthropocene Working Group (AWG), liderado por Zalasiewicz y cuyo fin es, según este, “evaluar si hay datos que justifiquen añadir una nueva unidad de tiempo a la escala geológica”.

En su artículo, Branco advierte que definir el Antropoceno es como jugar a las adivinanzas, ya que las rocas que guardarán los vestigios de nuestro paso por la Tierra aún no se han formado. Pero el geólogo Colin Waters asume el reto y describe en su último estudio siete huellas humanas que serán visibles dentro de millones de años e identificarán esta época en el futuro.


1. Isótopos radiactivos. La oleada de ensayos nucleares llevados a cabo en la segunda mitad del siglo XX ha dejado la señal antropogénica más extensa hasta la fecha, según Waters: “El plutonio-239 será detectable durante 100.000 años. Pero aunque termine por desintegrarse, dará origen a una capa permanente de uranio-235”.

2. Plásticos. Se producen unos 500 millones de toneladas al año que tardan varios siglos en degradarse, pero es muy probable que en entornos como el océano se conserven casi indefinidamente. Incluso aunque se descompongan, dejarán un rastro persistente en ciertas condiciones. Y es que los plásticos no permanecen en la superficie del agua mucho tiempo, sino que terminan hundiéndose hasta formar parte del lecho marino.

3. Hormigón. Teniendo en cuenta que los antiguos griegos y romanos ya usaban primitivas formas de este material, sabemos que dura al menos unos 2.500 años. “En periodos más largos de tiempo, su interacción con las aguas subterráneas dará origen a fluidos alcalinos que dejarán una huella geoquímica inconfundible. Aunque la erosión logre borrar cualquier señal de nuestras ciudades, el registro geológico preservará esa firma, que ya es detectable en la actualidad”, dice Waters.

4. Hollín. Algunos marcadores de contaminación, como las partículas de hollín que resultan de la quema de combustibles fósiles, “son muy estables y se han encontrado esférulas de carbono, muy similares a las que liberan las centrales térmicas, creadas cuando un meteorito impactó contra la Tierra hace 65 millones de años. Estas partículas circulan por el aire y se conservarán  muy bien en el océano, los glaciares y los lagos”.

5. Nitrógeno. La inven­ción a inicios del siglo XX del proceso de Haber-Bosch para la creación de fertilizantes nitrogenados dio origen a una revolución en la agricultura. Sin embargo, su uso indiscriminado alteró drásticamente el ciclo del nitrógeno terrestre. “Se han detectado nitratos en muestras de hielo, donde se conservan en las burbujas de aire. Si el hielo sobrevive a los desmanes del clima, esos marcadores durarán millones de años”.

6. Gases de efecto invernadero. La concentración de dióxido de carbono y metano es hoy mayor que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Waters cree que “si sobrevive algún glaciar, este patrón podrá ser observado en las burbujas de aire atrapadas en el hielo. También quedará registrado, durante cientos de millones de años, en los depósitos de piedra caliza”.


7. Homogeneización de la vida. Hoy las especies se extinguen a un ritmo alarmante. Por otro lado, animales y plantas que vivían en territorios aislados proliferan ahora en zonas muy alejadas de su lugar de origen, muchas veces a costa de la fauna autóctona. “Los que sobrevivan a la sexta gran extinción darán origen a los fósiles del futuro, testigos duraderos de una alteración a gran escala de la biosfera”, remata Waters.


miércoles, 2 de marzo de 2016

¿Cómo funciona un podómetro?




Según el doctor Antonio Escribano, especialista en endocrinología, nutrición y medicina deportiva, caminar hasta dar 10.000 pasos al día mejoraría de forma notable nuestra salud. Para comprobar que llegamos a esa cifra nos vendrá bien un podómetro electrónico, dispositivo que para registrar las distancias que recorremos se basa en el tipo de movimiento que hacemos al andar, te explicamos en la revista Muy Interesante n.º 418 del mes de marzo.



Cuando damos un paso, el cuerpo se balancea hacia el lado contrario de la pierna que avanza. Al terminarlo, se balancea hacia el contrario para que podamos mover la otra pierna hacia delante. El podómetro detecta esos cambios de posición y los registra como pasos. A partir de la distancia media por paso que le hayamos indicado, estima la longitud del trayecto, la velocidad y el ritmo medio.



10 experiencias paranormales desmontadas por la ciencia



Una de cada cinco personas cree que existen los extraterrestres y otras muchas dicen oír voces o haber vivido experiencias cercanas a la muerte. Pero no son hechos sobrenaturales. Recientes estudios prueban que estas percepciones tienen su base en alguna anomalía cerebral con una
explicación neurocientífica.
 

En los últimos años, a medida que neurólogos y psicólogos han ido abordando científicamente todo tipo de fenómenos extraor­dinarios, la fe en lo paranormal ha perdido terreno. Hoy sabemos, por ejemplo, que un funcionamiento anormal del lóbulo frontal del cerebro, implicado en la coordinación y la planificación, puede crear la sensación de estar poseído. Y que cuando se trastocan la amígdala y el hipocampo, vinculados a la memoria y las emociones, se llega a experimentar recuerdos de supuestas vidas anteriores, explica la periodista Elena Sanz en el dossier 110 experiencias paranormales desmontadas por la ciencia que publica en la revista Muy Interesante n.º 418 del mes de marzo y donde aborda desde la óptica de la neurociencia la presencia de fantasmas. escuchar voces inexistentes, ver la luz al final del túnel, la conexión telepática o la abducción por alienígenas. 

Asimismo, la sobreactivación de las uniones temporoparietales de la corteza cerebral, situadas a ambos lados de la cabeza, crea la sensación de abandono del propio cuerpo. Los casos de poltergeist invisibles que mueven objetos parecen coincidir con daños en zonas del hemisferio cerebral derecho encargadas del procesamiento visual. Y si se descoordinan las neuronas del área de Broca, podemos oír los propios pensamientos como si fueran voces ajenas. Y así podríamos seguir enumerando la aparición de experiencias extrañas y su relación física con anomalías cerebrales.

Por otro lado, el cine ha contribuido a fomentar las creencias en lo paranormal y a difundir errores que un mínimo conocimiento de física y matemáticas podrían explicar. El caso más evidente es el de fantasmas y vampiros, como sacó a la luz el investigador Costas Efthimiou, de la Universidad de Florida Central

Para empe­zar,  Efthimiou dice que es físicamente imposible que un fantasma pueda atravesar paredes y, a la vez, caminar como un humano, pues debería hacer fuerza sobre el suelo, lo que se contradice con un cuerpo etéreo. En cuanto a los vampiros, Efthimiou hizo un cálculo sencillo para desmentir su existencia.

Según las historias al uso, estos seres se alimentan de sangre humana, y sus víctimas, una vez mordidas, se transforman en vampiros. Pues bien, si el primero hubiese surgido, por ejemplo, en enero de 1600, con una población mundial de 500 millo­nes de habitantes y comiera una vez al mes, al cabo de ese tiempo habría dos vampiros; en sesenta días, cuatro; y en dos años y medio los 500 millones de humanos ya serían vampiros. Sin nadie a quien morder, se extinguirían todos, dice Elena Sanz en el reportaje.


En cuanto a los supuestos brotes de zombis que hubo en Hawái en 1892, pocos años antes de ser incorporado el archipiélago a EE. UU., Efthimiou tiene una explicación: en sus aguas vive un pez que produce tetrodotoxina, un veneno que causa la muerte fulminante. 
Pero ingerido en la dosis adecuada, hace que la persona caiga en un estado de casi muerte, sin apenas constantes vitales, pero del que sale de pronto sumida en la confusión por falta de oxígeno y con un comportamiento identificable con el que la literatura y el cine atribuyen a los zombis.