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Estés o no orgulloso de él, el
aspecto de tu trasero no depende solo de tu esqueleto, el armazón que sirve
de base para dar forma a la anatomía en general, sino también de cómo se
distribuyen las grasas y los músculos sobre los huesos de la zona, cuenta la periodista científica Elena Sanz en la revista Preguntas y Respuestas n.º 36 de Muy Interesante. En el caso
del culete, la pelvis hace las veces de andamiaje. A continuación, la
distribución de lípidos que impone la genética –y los hábitos alimentarios–
influirá en sus curvas o en la ausencia de ellas. Y si está ejercitada, la
masa muscular tenderá por fin a redondear los glúteos aún más.
La mayoría de los cirujanos estéticos reconocen cuatro formas de culo: cuadrada o en H; redonda o en O; acorazonada, de pera o en A; e invertida o en V. La primera, predominantemente masculina, suele asociarse a huesos de la cadera anchos. La disposición redondeada se considera bastante saludable, ya que la grasa se distribuye por la parte alta y baja de los cachetes uniformemente.
En las posaderas que recuerdan un corazón –muy atractivas para el sexo opuesto si quienes las lucen son mujeres–, el tejido adiposo se acumula en las zonas bajas. Eso implica que al envejecer y perder estrógeno con la llegada de la menopausia, las reservas de lípidos cambian de posición y ascienden, con la consiguiente flacidez. En ese momento de la vida, es más habitual que las nalgas femeninas adopten una forma invertida o de V.
Desde el punto de vista
médico, estas distinciones no son baladíes. Los científicos han llegado a la
conclusión de que los culos redondeados o acorazonados se asocian con menor
riesgo de sufrir diabetes y males cardiovasculares. Según publicaban
investigadores de la Universidad de Oxford en la revista International
Journal of Obesity, la acumulación de grasa en las zonas más bajas del cuerpo
genera un efecto protector, y no se suele acompañar de depósitos más peligrosos en órganos vitales,
como el hígado y el corazón, concluye Elena Sanz.
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viernes, 4 de marzo de 2016
¿Cuántos tipos de culo hay?
jueves, 3 de marzo de 2016
Cómo nacen, crecen y mueren las estrellas
Como nosotros, las estrellas nacen, crecen, envejecen y
mueren. Y sus existencias también pueden ser muy intensas y breves o largas y
aburridas. Para elaborar esta infografía sobre su evolución, nos hemos basado
en el diagrama que confeccionaron los astrónomos Ejnar Hertzsprung y Henry
Norris Russell en 1910, que establece cuatro fases elementales: la presecuencia
principal –los momentos previos al parto–, la secuencia principal, las etapas
finales y los remanentes, lo que queda tras su colapso o explosión.
En esta infografía de Carlos Aguilera, publicada en la revista Muy Interesante n.º4 18, te contamos la evolución de las estrellas desde que nacen en nubes de polvo y gas –hidrógeno y helio, principalmente– que colapsan por su propia gravedad hasta que mueren en forma de supernovas, estrellas negras, púlsares o magnétares.
Publicado por
Enrique Coperías, director de la revista Muy Interesante (@muyinteresante)
en
23:41:00
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astronomía,
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¿Por qué se encoge el pene con el frío?
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Todos los hombres notan este
efecto, sobre todo si se sumergen en aguas a baja temperatura: con el frío,
el órgano viril disminuye y se pone arrugado y blando, más entrañable que
fálico, explica Luis Muiño en la revista Preguntas y Respuestas n.º 36 de Muy Interesante. Dado que el tamaño del miembro en casi todas las culturas es objeto de
chistes y comparaciones, este encogimiento es temido porque se asocia
erróneamente a una pérdida de virilidad.
En algunas zonas del sudeste
de Asia, por ejemplo, se diagnostica un síndrome psicosomático llamado koro:
los afectados creen que su pene se está reduciendo poco a poco, que se va
retrayendo dentro de la barriga y que al final morirán a causa de ello.
Aunque es una enfermedad imaginaria, plantea problemas, pues los afectados
tratan de contrarrestarlo con remedios como colgarse pesos y hacerse estiramientos
brutales.
La realidad es que este
encogimiento del miembro viril es un efecto natural sin mayores
consecuencias. Al descender la temperatura, los vasos sanguíneos se contraen
en todo el cuerpo para llevar sangre caliente a los órganos internos. Eso
hace que inevitablemente el pene disminuya de tamaño. Además, parte de él se
esconde para evitar la pérdida de calor en el tejido graso que recubre el
hueso púbico, y hace como que se mete hacia dentro. Por otra parte, para
salvar espermatozoides, los testículos también se aprietan contra el cuerpo
para mantener el calor y proteger esa especie de nido en el que el organismo
produce las células germinales.
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Mira y escucha cómo 2.000 canicas hacen música
Marble Machine, ideada y construida por Martin Molin funciona con 2.000 canicas que discurren por las 3.000 partes que componen este instrumento para hacer sonar una música exclusiva. Vídeo filado y editado por Hannes Knutsson
Antropoceno, el nuevo periodo de la Tierra dominado por la humanidad
El impacto global que la actividad humana tiene sobre el planeta lleva a muchos expertos a afirmar que hemos entrado en un nuevo tiempo geológico: el Antropoceno.
Como si de las páginas de un libro se tratara, las rocas
cuentan historias. Cada uno de sus estratos encapsula relatos que contienen
información sobre las moléculas que existían en la atmósfera de épocas pasadas,
la temperatura que hacía, los animales y plantas que vivían entonces y los
hábitats que ocupaban. Cada capítulo empieza desde cero, con un cambio completo
de ambientes, de trama y de personajes. Comienzos abruptos y finales violentos
que permiten definir la serie jerárquica de divisiones del tiempo geológico,
reflejo de los principales acontecimientos de la historia del planeta.
De acuerdo con la Comisión Internacional de Estratigrafía
(ICS, por sus siglas en inglés), el órgano responsable de establecer esos
límites formales, el presente se sitúa en la época conocida como Holoceno, que
a su vez se integra dentro del período cuaternario (iniciado hace 2,5 millones
de años), en la era cenozoica (66 millones de años) y dentro del eón fanerozoico
(541 millones de años), que marca el inicio de la expansión de la vida.
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Paisaje del Pleistoceno / Ilustración: Mauricio Antón
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El Pleistoceno dio paso a la segunda época cuaternaria, el
Holoceno, que empezó hace 11.700 años y en la que el Homo sapiens desarrolló la
agricultura, domesticó animales, creó herramientas cada vez más complejas,
construyó asentamientos urbanos y empezó a alterar el medio ambiente a gran
escala. Como consecuencia, la huella dejada por nuestra especie es hoy tan
profunda que un número cada vez mayor de científicos cree que ya hemos entrado
en una tercera época del Cuaternario: el Antropoceno.
“Usé esta
palabra por primera vez en 2000 durante una conferencia”, recuerda el químico
atmosférico y ganador del Premio Nobel Paul Crutzen a nuestra colaboradora Joana Branco y que recoge en su artículo Bienvenidos al Antropoceno, publicado en la revista Muy Interesante n.º 418 del mes de marzo. Y añade Crutzen : “Hablábamos de
las alteraciones que ha sufrido el planeta y alguien mencionó el Holoceno. Pero
el mundo ha cambiado tanto que no me parecía correcto seguir hablando de él. En
el fragor del momento se me ocurrió decir que estamos en el Antropoceno, y la
idea cuajó”.
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Paul
Crutzen
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En la actualidad, este neologismo aparece en cientos de
estudios y en el nombre de tres revistas científicas. Jan Zalasiewicz, geólogo
de la Universidad de Leicester, recuerda que “el Antropoceno empezó a aparecer
en publicaciones serias. Fue algo inaudito en el mundo de las escalas
geológicas. Comprobé que la mayoría de mis colegas opinaba que el término era
adecuado”.
Pero ¿hay algo realmente nuevo en el actual capítulo de la
historia de la Tierra? “Episodios de calentamiento global, acidificación de los
océanos o extinciones en masa han ocurrido mucho antes de que los humanos
llegaran al planeta”, aclara Zalasiewicz. Philip Gibbard, exjefe del panel
internacional de la ICS que supervisa el Cuaternario, se dio cuenta de que
necesitaban “estudiar si la formalización del Antropoceno estaba o no
justificada”. Así, en 2009 se formó el Anthropocene Working Group (AWG),
liderado por Zalasiewicz y cuyo fin es, según este, “evaluar si hay datos que
justifiquen añadir una nueva unidad de tiempo a la escala geológica”.
1. Isótopos radiactivos. La oleada de ensayos nucleares
llevados a cabo en la segunda mitad del siglo XX ha dejado la señal
antropogénica más extensa hasta la fecha, según Waters: “El plutonio-239 será
detectable durante 100.000 años. Pero aunque termine por desintegrarse, dará
origen a una capa permanente de uranio-235”.
2. Plásticos. Se producen unos 500 millones de toneladas al
año que tardan varios siglos en degradarse, pero es muy probable que en
entornos como el océano se conserven casi indefinidamente. Incluso aunque se
descompongan, dejarán un rastro persistente en ciertas condiciones. Y es que
los plásticos no permanecen en la superficie del agua mucho tiempo, sino que
terminan hundiéndose hasta formar parte del lecho marino.
3. Hormigón. Teniendo en cuenta que los antiguos griegos y
romanos ya usaban primitivas formas de este material, sabemos que dura al menos
unos 2.500 años. “En periodos más largos de tiempo, su interacción con las
aguas subterráneas dará origen a fluidos alcalinos que dejarán una huella
geoquímica inconfundible. Aunque la erosión logre borrar cualquier señal de
nuestras ciudades, el registro geológico preservará esa firma, que ya es
detectable en la actualidad”, dice Waters.
4. Hollín. Algunos marcadores de contaminación, como las
partículas de hollín que resultan de la quema de combustibles fósiles, “son muy
estables y se han encontrado esférulas de carbono, muy similares a las que
liberan las centrales térmicas, creadas cuando un meteorito impactó contra la
Tierra hace 65 millones de años. Estas partículas circulan por el aire y se
conservarán muy bien en el océano,
los glaciares y los lagos”.
5. Nitrógeno. La invención a inicios del siglo XX del
proceso de Haber-Bosch para la creación de fertilizantes nitrogenados dio
origen a una revolución en la agricultura. Sin embargo, su uso indiscriminado
alteró drásticamente el ciclo del nitrógeno terrestre. “Se han detectado
nitratos en muestras de hielo, donde se conservan en las burbujas de aire. Si
el hielo sobrevive a los desmanes del clima, esos marcadores durarán millones
de años”.
6. Gases de efecto invernadero. La concentración de dióxido
de carbono y metano es hoy mayor que en cualquier otro momento de la historia
de la humanidad. Waters cree que “si sobrevive algún glaciar, este patrón podrá
ser observado en las burbujas de aire atrapadas en el hielo. También quedará
registrado, durante cientos de millones de años, en los depósitos de piedra
caliza”.
7. Homogeneización de la vida. Hoy las especies se extinguen
a un ritmo alarmante. Por otro lado, animales y plantas que vivían en
territorios aislados proliferan ahora en zonas muy alejadas de su lugar de
origen, muchas veces a costa de la fauna autóctona. “Los que sobrevivan a la
sexta gran extinción darán origen a los fósiles del futuro, testigos duraderos
de una alteración a gran escala de la biosfera”, remata Waters.
miércoles, 2 de marzo de 2016
¿Cómo funciona un podómetro?
Según el doctor Antonio
Escribano, especialista en endocrinología, nutrición y medicina deportiva,
caminar hasta dar 10.000 pasos al día mejoraría de forma notable nuestra
salud. Para comprobar que llegamos a esa cifra nos vendrá bien un podómetro
electrónico, dispositivo que para registrar las distancias que recorremos se
basa en el tipo de movimiento que hacemos al andar, te explicamos en la revista Muy Interesante n.º 418 del mes de marzo.
Cuando damos un paso, el
cuerpo se balancea hacia el lado contrario de la pierna que avanza. Al
terminarlo, se balancea hacia el contrario para que podamos mover la otra
pierna hacia delante. El podómetro detecta esos cambios de posición y los
registra como pasos. A partir de la distancia media por paso que le hayamos
indicado, estima la longitud del trayecto, la velocidad y el ritmo medio.
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10 experiencias paranormales desmontadas por la ciencia
Una de cada cinco personas cree que existen los extraterrestres y otras muchas dicen oír voces o haber vivido experiencias
cercanas a la muerte. Pero no son hechos sobrenaturales. Recientes estudios
prueban que estas percepciones tienen su base en alguna anomalía cerebral con
una
explicación neurocientífica.
En los últimos años, a medida que neurólogos y psicólogos han
ido abordando científicamente todo tipo de fenómenos extraordinarios, la fe en
lo paranormal ha perdido terreno. Hoy sabemos, por ejemplo, que un
funcionamiento anormal del lóbulo frontal del cerebro, implicado en la
coordinación y la planificación, puede crear la sensación de estar poseído. Y
que cuando se trastocan la amígdala y el hipocampo, vinculados a la memoria y
las emociones, se llega a experimentar recuerdos de supuestas vidas anteriores, explica la periodista Elena Sanz en el dossier 110 experiencias paranormales desmontadas por la ciencia que publica en la revista Muy Interesante n.º 418 del mes de marzo y donde aborda desde la óptica de la neurociencia la presencia de fantasmas. escuchar voces inexistentes, ver la luz al final del túnel, la conexión telepática o la abducción por alienígenas.
Asimismo, la sobreactivación de las uniones
temporoparietales de la corteza cerebral, situadas a ambos lados de la cabeza,
crea la sensación de abandono del propio cuerpo. Los casos de poltergeist
invisibles que mueven objetos parecen coincidir con daños en zonas del
hemisferio cerebral derecho encargadas del procesamiento visual. Y si se
descoordinan las neuronas del área de Broca, podemos oír los propios
pensamientos como si fueran voces ajenas. Y así podríamos seguir enumerando la
aparición de experiencias extrañas y su relación física con anomalías
cerebrales.
Por otro lado, el cine ha contribuido a fomentar las creencias
en lo paranormal y a difundir errores que un mínimo conocimiento de física y
matemáticas podrían explicar. El caso más evidente es el de fantasmas y
vampiros, como sacó a la luz el investigador Costas Efthimiou, de la
Universidad de Florida Central.
Para empezar, Efthimiou dice que es físicamente imposible
que un fantasma pueda atravesar paredes y, a la vez, caminar como un humano,
pues debería hacer fuerza sobre el suelo, lo que se contradice con un cuerpo
etéreo. En cuanto a los vampiros, Efthimiou hizo un cálculo sencillo para
desmentir su existencia.
Según las historias al uso, estos seres se alimentan de
sangre humana, y sus víctimas, una vez mordidas, se transforman en vampiros.
Pues bien, si el primero hubiese surgido, por ejemplo, en enero de 1600, con una
población mundial de 500 millones de habitantes y comiera una vez al mes, al
cabo de ese tiempo habría dos vampiros; en sesenta días, cuatro; y en dos años
y medio los 500 millones de humanos ya serían vampiros. Sin nadie a quien
morder, se extinguirían todos, dice Elena Sanz en el reportaje.
En cuanto a los supuestos brotes de zombis que hubo en Hawái
en 1892, pocos años antes de ser incorporado el archipiélago a EE. UU.,
Efthimiou tiene una explicación: en sus aguas vive un pez que produce
tetrodotoxina, un veneno que causa la muerte fulminante.
Pero ingerido en la
dosis adecuada, hace que la persona caiga en un estado de casi muerte, sin
apenas constantes vitales, pero del que sale de pronto sumida en la confusión
por falta de oxígeno y con un comportamiento identificable con el que la
literatura y el cine atribuyen a los zombis.
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